Ser avalista hipotecario: un gran riesgo por amor

Ser avalista hipotecario: un gran riesgo por amor
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Cuando un amigo o familiar busca un avalador para cerrar su préstamo hipotecario con el banco, puede acabar pidiéndotelo a ti: padre, madre, hermano o amigo. Lo más habitual es que los hijos se lo pidan a los padres o a los abuelos, pero también hay casos en los que se pide entre amistades de confianza u otros grados parentales.

¿Qué implica ser avalista? ¿A qué riesgos se expone el avalador? Te lo contamos todo en api.cat.

El avalista de préstamo hipotecario es la persona que se responsabiliza de la deuda en caso de que el titular no pague. Pero no sólo responde con su propia nómina, responde con las mismas condiciones que el propio titular, incluso con su patrimonio personal.

Por este motivo, avalar personalmente un préstamo hipotecario de otra persona es un compromiso muy fuerte a cambio de nada, que se hace sólo por amor o amistad. Imaginemos que tu hijo quiere comprarse un piso en Girona y te pide que le avales, tiene trabajo estable y es un chico responsable ¿cómo van a decirle unos padres a su hijo o hija que no?

El vínculo sentimental es precisamente el primer argumento para convencer al avalador. El segundo, la necesidad de que alguien firme para que el banco conceda esa hipoteca. Lo que le permitirá al titular del préstamo conseguir un hogar propio. Sin aval, no hay hipoteca y sin hipoteca no hay hogar propio. Ese elemento de presión hace que unos padres piensen ¿Y si no lo avalo yo, quién lo hará?

Y entonces, lo hacen. Porque el avalador, sobretodo si son padres o abuelos confían en su hijo o nieto, y creen que pagará sus cuotas religiosamente porque tiene trabajo, porque aparentemente todo va bien…

Pero teniendo en cuenta que un préstamo hipotecario puede durar entre 30 y 50 años, ¿Cómo se puede tener la seguridad de que en todo este tiempo no habrá ningún contratiempo que cambie las circunstancias?

Las situaciones en las que aceptar ser avalista de un ser querido se confunde con una muestra de amor son muy comunes. Pero hay que saber que ser avalador conlleva un riesgo muy alto:

  • Asume las mismas obligaciones que quién solicita la hipoteca.
  • El avalista puede terminar pagando la deuda contraída por el deudor, hasta que la misma quede por completo saldada.
  • Puede verse envuelto en un largo proceso judicial en caso de que el titular del préstamo no pague.

Si vas a ser avalista, sobretodo ten en cuenta esto:

Los bancos, para asegurarse el cobro, exigen que avalado y avalador firmen como ‘solidarios’ entre sí, es decir, que en caso de tener que reclamar la deuda el banco podrá actuar contra quien crea que su solvencia es mayor, sin discriminar si va primero contra el titular del préstamo o contra el avalista.

Adicionalmente, los avalistas también son inducidos por el banco a firmar que renuncian a los siguientes derechos:

  • Orden: en caso de incumplimiento, el banco deberá guardar el orden y reclamar primero al deudor principal.
  • División: si hubiera dos o más avaladores, la deuda tendrá que ser dividida a partes iguales.
  • Excusión: el avalador puede requerir al acreedor para que se dirija en primer término contra los bienes del deudor principal antes de dirigirse contra él.

Ahora, sabiendo todo esto, piénsatelo dos veces antes de aceptar ser avalador y no confundas el negarte con no querer a la persona que te lo pide. Si no se puede comprar, ¡siempre queda el alquiler!

Foto: Luziberto

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